No trabajo con todas las empresas que me lo piden.
Trabajo con pocas, durante meses, y con acceso real a los números. Si busca una sesión suelta de asesoramiento, no soy la persona indicada y prefiero decirlo antes de que invierta su tiempo.
Para quién es
- Empresas que ya facturan de forma sostenida y han tocado un techo que no se explica por el mercado.
- Grupos con actividad en más de un país y una estructura societaria que creció sin plan.
- Compañías con margen decreciente pese a ingresos estables: el síntoma clásico de una operación que se ha vuelto más cara que el negocio.
- Propietarios que quieren dejar de ser el cuello de botella de su propia empresa.
Para quién no es
- Proyectos en fase de idea, sin facturación ni operación que examinar.
- Quien busca captación de capital, intermediación financiera o productos de inversión: no es mi actividad y no la ejerzo.
- Quien necesita asesoramiento fiscal o constitución de sociedades como servicio principal. Eso corresponde a despachos colegiados, con los que coordino cuando la operación lo exige.
- Quien espera resultados sin cambiar nada de cómo opera hoy.
Cómo se trabaja
Cuatro fases. Ninguna empieza si la anterior no ha producido conclusiones por escrito.
- 01 Examen
- 02 Diagnóstico
- 03 Rediseño
- 04 Acompañamiento
Honorarios
Los honorarios se fijan por proyecto tras el examen inicial, en función del alcance y de las jurisdicciones implicadas. No hay tarifa por hora ni paquetes cerrados publicados: comprometer un precio antes de ver la operación sería vender un diagnóstico ya escrito. La primera conversación no se factura.
Es la tarifa de referencia. Los encargos se cierran por proyecto sobre esa base, no por horas contadas: nadie quiere un consultor con incentivo para alargar la reunión.
La conversación inicial de encaje no se factura.
Se responde a las solicitudes que incluyan datos suficientes para valorar el encaje. Las que no, no.