El problema de fondo
Casi toda pyme que factura bien lleva la contabilidad al día y aun así no sabe lo esencial: qué margen deja cada línea de negocio una vez repartidos los costes que nadie imputa, y cuánta caja va a tener dentro de siete meses.
La contabilidad mira hacia atrás y sirve para declarar. La dirección financiera mira hacia delante y sirve para decidir. Son dos oficios distintos y la mayoría de las empresas solo tiene contratado el primero.